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El día carecía de sentido sin su presencia.
Las horas parecían un resto de sadismo abanicando a la espera.
Intenté en el declive de tu recuerdo, mantenerme despierta unas
horas más..
El sueño me venció.
¡Maldita lucha¡. Entraste hurgando, entre mis sabanas palpando cada rincón de mi débil postura. Subiste por las nalgas, hasta encontrar mi espalda donde lamiste pulcro la suavidad de mis agravios.
Adoctrinaste bien tu sed sobre mi cuerpo. Suspiros se escapaban de mi
resentimiento.
Blasfemos eran tus besos, tan llenos de ironía, que calmaron la sed
para ser mi sequía.
Alarido de lobo salió de mi garganta, cuando al fin penetraste el fondo
de mi alma. Innoble fue mi ser, que se dejo domar, al ritmo de tu hoguera,
fui hojarasca seca para avivar la leña.
Imperturbable el cúmulo de sensaciones vivas, que taciturna inhalé tu olor que me fustiga..
Me vencio la dicción de haber saboreado en un sueño tu esencia de no haberte olvidado.
Y sonó mortuorio el timbre del reloj, e inmolo mis deseos de volver a soñarte
.
Y acumulé promesas que un día te llevaste.
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